Remembranzas de la Séptima Compañía

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Quiero hacer una breve reseña del pasar de nuestra compañía, ya que transcurrido el año 1968 llegué a vivir a este barrio, específicamente a calle Calafquén esquina San Martín, donde por motivos de reagrupación familiar, mis padres tomaron la determinación de venirnos desde Nueva Imperial a Temuco, para que mis hermanos y quien les habla pudieran tener una mejor preparación profesional, y desde ese tiempo que me tocó ver el nacimiento de nuestra compañía.

El año 1971 ingresé a la Sección Cadetes, a sólo meses de su fundación, de lo cual me siento muy orgulloso, ya que los instructores de esa época nos dieron los primeros barnices de lo que es ser un bombero. Recuerdo muy especialmente a los instructores Fernando Claveríe y Oscar Triviño; este último ya no se encuentra entre nosotros y nos mira desde el cuartel celestial.

En aquel tiempo, siendo todavía un joven civil, pude ver la llegada del primer carrobomba de trasporte, el querido Ford 51, el cual era solamente para transporte de personal abierto en su carrocería, ya que cuando se salía a un llamado en la época de invierno, llegábamos totalmente mojados al incendio.

En el año 1972, por disposición de la Comandancia de la época, nos fue asignada la motobomba marca Gorlik Fitcher, que antes había prestado servicios en la Tercera y Sexta compañías, siendo su bautizo de fuego el incendio del pabellón central del Colegio Bautista, para lo que la bomba fue instalada en un canal de riego que cruzaba el patio del establecimiento.

Esta motobomba “se robó la película”, ya que pudo abastecer de agua a los otros carros y por supuesto, sacar un tendido directo y trabajar en la extinción del incendio, fuego que fue rápidamente dominado.

No puedo dejar atrás la historia de nuestro cuartel, el comenzó a ser construido en el año 1970, quedando inconcluso en el año 1971 por falta de presupuesto.

Los mandos de la compañía, determinaron que con los dineros que quedaban, fuera terminada la casa del cuartelero, quedando habilitada como cuartel, y un dormitorio como guardia nocturna, mientras el otro dormitorio como oficina del director y capitanía.

El living fue dispuesto como sala de reuniones y así se mantuvo hasta el año 1976, cuando se terminó el cuartel.

Como anécdota especial, recuerdo que estando el cuartel a medio terminar, vino un fuerte temporal de viento y arrancó de cuajo el techo de la sala de máquinas, terminando esparcido como a 100 metros al sur por calle Tiburcio Saavedra, pero como el espíritu de cuerpo se encontraba muy alto, de inmediato se tomaron las medidas y se volvió a instalar en su lugar.

Cabe mencionar especialmente la instalación de la actual sirena, la que fue construida y donada por el entonces comandante del Cuerpo de Bomberos de Temuco, Bernardo Roloff, y fue instalada con la ayuda de la escala mecánica de la Primera Compañía, quedando habilitada de inmediato, lo que causó gran revuelo en el barrio, ya que provocó gran algarabía entre los vecinos, niños y hasta en los animales del sector.

Hago mención especial que cuando se disponían a hacer la colocación de la sirena, el voluntario honorario Raúl Diez, quiso para la sirena con un dedo y quedo lesionado.

En esos tiempos, soñábamos con tener un cuartel terminado, un carro cerrado y doble cabina, con capacidad para varios voluntarios, pero faltaba mucho, ya que con mucho esfuerzo se hacían campañas del sobre.

En el cuartel se vendían empanadas domingos, las que preparaban las damas cooperadoras de la compañía y nosotros las salíamos a entregar en bicicleta a los domicilios, para así contar con fondos para la compra de cotonas y cascos, ya que el resto del equipo personal era demasiado costoso, escaso y difícil de importar.

El año 1976 fue muy especial para la Séptima Compañía, ya que llegó nuestro primer carro bomba nuevo marca Camiva Berliet modelo 770, doble cabina, con estanque para 3 mil litros de agua y manguerín auxiliar.

Fue lo máximo que nos podía pasar. Este carro tuvo su primer incendio en la entonces ferretería “La Olleta” ubicada en calle Zenteno esquina Rodríguez, donde se pudo demostrar su capacidad de trabajo.

En el carro llegó nuestro querido y actual cuartelero, Francisco Molina, quien junto a su familia nos acompaña hasta el día de hoy y ellos vieron la terminación del cuartel, lo que marcó un hito importante en nuestra compañía.

Por lo anteriormente narrado y lo que ustedes pueden apreciar, hoy tenemos un cuartel que reúne todas la comodidades para la estadía de nuestros bomberos y una dotación de tres unidades que tienen la misión de prestar un buen servicio a la comunidad.

Finalmente, quiero rendir un homenaje a quienes nos acompañaron a darle vida a esta compañía y que se fueron al cuartel celestial, siendo los fundadores de la compañía: Rigoberto González, Javier Tiznado, Jorge Claveríe y Vital Higueras.

No puedo dejar de nombrar a las familias Claveríe, Cox, Caba, Toro, Larenas, Arellano y muchas otras que en el momento se me escapan.

Un especial homenaje a don Bernardo Roloff, por muchos años comandante del Cuerpo de Bomberos de Temuco, ya que gracias a sus gestiones nos aseguró la primera motobomba y un carro de transporte.

También al superintendente de esa época, Alfredo Mandel, gracias a cuyas gestiones se logró la adquisición del primer carrobomba Berliet y la terminación de nuestro cuartel.
También a nuestras queridas madres, esposas y parejas, quienes nos acompañaron por años en la realización de diferentes beneficios para obtener los recursos para la compra de equipos y la adquisición del primer carrobomba para nuestra compañía.

Hago presente que quien les habla, ingresó a la compañía el año 1971 como cadete, pasó a voluntario en el año 1972 y se retiro el año 1977 para ingresar a Carabineros de Chile, pero en 2006, después de retirarme de mi querida institución policial, regresé a mi primer cuartel que es este, mi querida compañía, donde quedaré hasta cuando la vida lo disponga.

Quiero hacer un llamado a las nuevas generaciones de bomberos para que asimilen los que les he narrado y tomen conciencia de que una institución como esta no nace de la nada.

Con el esfuerzo de sus bomberos y con el paso del tiempo, se van adquiriendo los lineamientos que hoy se tienen, los cuales han costado mucho esfuerzo. Hay que cuidarlos y mantenerlos para prestar un buen servicio a la comunidad y seguir manteniendo en alto nuestra querida institución.

Manuel González Marín, bombero con 19 años de servicio en la Séptima Compañía de Bomberos de Temuco.

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